Qué es el pensamiento complejo

El pensamiento complejo es un marco epistemológico, propuesto por el filósofo y sociólogo francés Edgar Morin, que busca comprender los fenómenos sin mutilarlos, es decir, reconociendo que están tejidos de elementos heterogéneos, inseparables y en interacción.
La palabra viene del latín complexus, que significa “lo que está tejido junto”, y esa imagen resume la propuesta: en lugar de aislar cada parte para estudiarla por separado, el pensamiento complejo intenta ligar lo que el conocimiento habitual tiende a dividir. No es una teoría cerrada ni un método con pasos fijos, sino una forma de mirar que asume la incertidumbre, la contradicción y la relación entre el todo y las partes.
Una introducción al pensamiento complejo
La mejor puerta de entrada a este campo es el pequeño libro de Morin titulado Introducción al pensamiento complejo, publicado en español por la editorial Gedisa de Barcelona. En apenas unas decenas de páginas, Morin plantea el problema central: la ciencia moderna, muy poderosa para separar, medir y controlar, ha desarrollado también una forma de conocimiento que fragmenta la realidad en compartimentos, de modo que perdemos de vista los vínculos, los contextos y los conjuntos. A ese modo de conocer lo llama “paradigma de simplificación”, y el pensamiento complejo nace como una respuesta a sus límites.
Simplificar significa reducir: reducir el todo a sus partes, lo diverso a lo uno, lo incierto a lo previsible. Ese gesto ha dado resultados enormes en la física o la química, pero se vuelve engañoso cuando estudiamos seres vivos, sociedades, ecosistemas o la mente humana, donde las partes solo se entienden por su relación con el conjunto y el conjunto solo existe por la interacción de sus partes. El pensamiento complejo no rechaza la ciencia ni pide volver a un pensamiento vago; pide un conocimiento capaz de distinguir sin separar y de unir sin confundir.
Qué critica: el paradigma de la simplificación
El pensamiento complejo se define, en buena medida, por aquello a lo que se opone. Morin identifica varios hábitos del conocimiento simplificador que conviene reconocer para entender su alcance.
- La disyunción: separar radicalmente los objetos de estudio y las disciplinas, de modo que el biólogo, el economista y el psicólogo miran un mismo fenómeno humano sin poder comunicarse.
- La reducción: explicar lo complejo por lo simple, por ejemplo, reducir la vida a la química o la conducta social a un solo factor.
- La abstracción excesiva: quedarse con leyes generales y descartar lo singular, lo local y lo concreto como “ruido”.
- El rechazo de la contradicción: suponer que si dos ideas se oponen, una debe ser falsa, cuando en muchos sistemas ambas son a la vez necesarias.
Frente a esto, la complejidad propone asumir que el conocimiento siempre es incompleto, que la incertidumbre es parte del mundo y no solo de nuestra ignorancia, y que hay que pensar la relación, el contexto y la organización, no solo los elementos aislados. Estas ideas se ordenan en un conjunto de operadores concretos que puedes revisar en Los principios del pensamiento complejo.
Las ideas centrales y su vocabulario
Para leer a Morin conviene tener claro un pequeño vocabulario. Estos términos aparecen una y otra vez en su obra y dan su significado propio al pensamiento complejo.
| Noción | Qué quiere decir |
|---|---|
| Sistema | Un conjunto de partes en interacción que forma un todo con propiedades que las partes por separado no tienen. |
| Emergencia | Cualidades nuevas que surgen del todo organizado, como la vida a partir de moléculas o el sentido a partir de palabras. |
| Organización | La disposición de relaciones que mantiene unido y activo a un sistema a lo largo del tiempo. |
| Retroacción | El efecto que vuelve sobre su causa, de modo que causa y efecto se influyen mutuamente en bucle. |
| Incertidumbre | El reconocimiento de que en los sistemas complejos no todo es previsible ni controlable. |
Con este vocabulario, la definición de pensamiento complejo se vuelve más clara: es un modo de conocimiento que estudia sistemas donde el todo es más que la suma de las partes, pero también menos, porque la organización a la vez hace emerger cualidades nuevas e inhibe otras. Esta idea, aparentemente sencilla, tiene consecuencias profundas para casi cualquier campo. El desarrollo más amplio de estas nociones a lo largo de la obra de su autor se explica en Edgar Morin y la teoría de la complejidad.
Un pensamiento que reúne saberes
Uno de los rasgos que más distingue al pensamiento complejo es su vocación de reunir disciplinas. Morin desarrolló buena parte de estas ideas en su obra monumental El Método, escrita a lo largo de varias décadas, donde dialogan la física, la biología, la antropología, la cibernética y la filosofía. La apuesta es que ningún campo aislado basta para comprender fenómenos como la vida, la conciencia o la sociedad, y que hace falta un pensamiento capaz de circular entre ellos sin disolver sus diferencias.
Esta actitud tiene un lado ético y otro cognitivo. En lo cognitivo, invita a contextualizar: un dato solo tiene significado dentro de un conjunto, y un problema local suele estar ligado a dinámicas globales, como ocurre con las cuestiones ambientales, donde lo económico, lo ecológico y lo social están entrelazados. En lo ético, invita a la humildad frente a lo que no sabemos y a resistir la tentación de las respuestas únicas y simplistas ante realidades intrincadas.
El pensamiento complejo aplicado a la educación por competencias
El pensamiento complejo ha tenido una influencia notable en el campo educativo, en especial en los modelos de formación por competencias que se difundieron en el mundo hispanohablante. Una competencia no es un dato que se memoriza, sino la capacidad de movilizar conocimientos, habilidades y actitudes para actuar de forma pertinente en situaciones concretas y cambiantes. Por eso muchos autores han visto en la complejidad un fundamento adecuado para pensarla: las competencias son, por naturaleza, intangibles, contextuales y difíciles de reducir a una lista fija de productos observables.
Aplicar el pensamiento complejo al enfoque por competencias implica varias cosas. Supone abandonar la idea de que basta con acumular contenidos y aceptar que aprender es reorganizar lo que ya se sabe ante situaciones nuevas. Supone también integrar saberes de distintas áreas en torno a problemas reales, en lugar de enseñar cada materia como un compartimento estanco. Y supone, sobre todo, formar la capacidad de argumentar, de sostener un razonamiento reconociendo su contexto, sus supuestos y sus límites, algo que Morin considera esencial para no caer ni en el dogmatismo ni en el relativismo.
Autores y difusión en el mundo hispano
Aunque Edgar Morin es la figura central, el pensamiento complejo se ha nutrido de muchos autores afines. Suele leerse junto a la teoría general de sistemas de Ludwig von Bertalanffy, la cibernética que estudió las retroacciones, la termodinámica de las estructuras disipativas de Ilya Prigogine y, más ampliamente, el conjunto de las ciencias de la complejidad. En español, la traducción de Introducción al pensamiento complejo por Gedisa en Barcelona fue clave para su difusión, y desde ahí sus ideas llegaron a la universidad, a la formación docente y a debates sobre educación, salud pública y medio ambiente en toda Latinoamérica.
Conviene recordar qué es y qué no es el pensamiento complejo. No es una excusa para pensar de forma confusa, ni una moda intelectual, ni una fórmula mágica que resuelva cualquier problema. Es una exigencia de rigor distinta: la de no simplificar antes de tiempo, mantener juntas las dimensiones de un fenómeno y aceptar que comprender bien suele ser más difícil, pero también más fiel a la realidad. Si esta introducción te resultó útil, el siguiente paso natural es ver sus operadores concretos y algunos casos, empezando por Los principios del pensamiento complejo.